La Policía Nacional desarticula en Castellón la primera célula terrorista de ‘The Base’ activa en España. El caso de Castellón actúa como una advertencia clara: las organizaciones terroristas de extrema derecha continúan activas, conectadas y adaptándose al entorno digital con rapidez. Comprender sus estrategias, detectar señales tempranas y reforzar la cooperación internacional será clave para prevenir que células como esta avancen hacia escenarios de violencia real. La desarticulación en Castellón de la primera célula de la organización terrorista neonazi The Base activa en España marca un hito en la lucha contra el terrorismo de extrema derecha. La operación, dirigida por el Juzgado Central de Instrucción nº 6 y apoyada por Europol, culminó con la detención de tres individuos y el ingreso en prisión preventiva del presunto líder. Según la Policía Nacional, el grupo ya había realizado entrenamientos tácticos y estaba en condiciones de cometer un atentado. La investigación comenzó a principios de 2025, cuando los agentes detectaron a un individuo extremadamente radicalizado que difundía y consumía material ideológico de The Base. A partir de ahí, se trazó una red clandestina que incluía a otros dos miembros en España, todos alineados con los postulados supremacistas y aceleracionistas del grupo. Los investigadores comprobaron que los detenidos poseían armamento ilícito, participaban en prácticas de adiestramiento y buscaban activamente nuevos seguidores mediante redes sociales. ¿Qué es ‘The Base’ y qué amenaza representa? Fundada en 2018 por el estadounidense Rinaldo Nazzaro, The Base es hoy una de las organizaciones neonazis más relevantes del ecosistema aceleracionista internacional. Su objetivo declarado es la creación de “etnoestados blancos” mediante acciones violentas que desestabilicen gobiernos democráticos. Desde 2024 está incluida en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea y está formalmente proscrita como organización terrorista por Canadá (desde 2021), Reino Unido (desde 2021), Australia (desde 2021) y Nueva Zelanda (desde 2022). El grupo opera mediante una estrategia de pequeñas células descentralizadas, que combinan clandestinidad, entrenamiento paramilitar y una fuerte presencia en entornos digitales. Su narrativa, explícitamente supremacista y pro–conflicto racial, conecta con foros, canales cifrados y plataformas donde sus materiales circulan entre jóvenes susceptibles de radicalización rápida. Los detenidos en Castellón no actuaban de manera improvisada. Según fuentes policiales, habían realizado entrenamientos tácticos con material paramilitar, consumían contenidos aceleracionistas y difundían propaganda violenta de otros grupos afines. El objetivo: construir una célula para actuar cuando “llegara el momento”, siguiendo la lógica de guerra racial promovida por el grupo internacional. Además, utilizaban redes sociales y espacios privados en línea para captar nuevos simpatizantes, un patrón que coincide con lo observado en investigaciones europeas recientes: jóvenes que se radicalizan a través de plataformas digitales, fuera del radar institucional, y que después dan el salto a la preparación operativa. El caso de Castellón vuelve a demostrar algo que venimos subrayando: la frontera entre la radicalización online y la acción offline es cada vez más difusa. Hoy, los grupos aceleracionistas crean entornos donde conviven propaganda, manuales operativos, entrenamiento simbólico y conexiones transnacionales. Para un reducido número de individuos, ese ecosistema funciona como un catalizador hacia la violencia real. La imputación a los tres detenidos de delitos de pertenencia a organización terrorista, captación, adoctrinamiento, adiestramiento con fines terroristas y tenencia ilícita de armas no deja margen de duda sobre la potencial amenaza de la célula.
via observatorioterrorismo: The Base. Análisis sobre el desmantelamiento en España de su primera célula terrorista